Casa Ilona se muestra como una artesanía industrial que no consume los recursos, sino que aprovecha la técnica común.
Una región histórica y compleja
Este proyecto responde a condiciones desfavorables. Las condiciones de una región con clima y naturaleza adversos. Se encuentra en el bosque nublado en las montañas tropicales del Chocó Andino, un hábitat que se configura dentro de un ambiente hostil condicionado por las difíciles características climáticas, geográficas y de amenazas naturales.
En esta región montañosa de Pichincha, en Ecuador, las respuestas arquitectónicas al hábitat se han construido imitando a las de la costa ecuatoriana. Quizás porque el clima es también cálido, pero las condiciones del territorio no son las mismas. La floresta tropical tiene sus propias condiciones de bosque húmedo y de abundante biodiversidad. Tanta que, por siglos, en el tramo ecuatoriano, el hábitat estaba restringido y no tuvo mayor densidad.
Fue a mediados del siglo XX, en especial en los sectores de escarpes montañosos y pequeños valles, donde colonos de otras regiones ocupaban el sector conforme aparecían las carreteras y caminos que conectaban las grandes ciudades de la cordillera central con las de la costa pacífica.
Amenazas de la construcción en la zona
Las condiciones contrarias para la construcción en esta zona prevalecen a día de hoy. El clima aquí es de lo más lluviosos del mundo. Llega registrar precipitaciones de 13.000 mm y en ningún punto menores a 3.000 mm de lluvia al año. Esta pluviosidad, sumada a su condición tropical y aislamiento, genera una particularidad climática que influencia las decisiones proyectuales de una casa.
También, hay que tener en cuenta la baja experiencia regional en las construcciones de hábitat humano en este sector, donde las construcciones realizadas con la técnica de hormigón y el bloque del mismo material se deterioran con gran rapidez, al igual que la madera que se utiliza de manera rustica con procesos de conservación primitivos. Más grave aún, se deforestan especies únicas cuya ausencia en el sector deja territorios nativos que son remplazados por tierras cultivables condenándolos a una próxima desertificación.
Lo mismo sucede con el bambú, que, siendo una especie de rápido crecimiento, pero difícil de implementar en la construcción, igualmente es talado de forma indiscriminada; sin reconocer floraciones naturales de sembradíos, generando desequilibrios en el hábitat de pájaros y demás especies animales pequeñas y muy frágiles.
Todos estos factores afectan además al paisaje, que paulatinamente se convierte en una extraña ocupación que se esfuerza por asemejarse a un jardín urbano. Una imagen ficticia que deteriora y empobrece el vivido paisaje tropical alejándolo de su integridad y su condición natural preponderante.
Porche: al exterior de la casa
La adversidad natural de la región plantea que un medio adecuado de vida dentro de ésta sólo se daría si la casa balanceara el aislamiento de las actividades interiores frente a la humedad y amenazas tropicales, principalmente insectos. Además, este aislamiento debe generar un lapso para el disfrute exterior, sin mecanismos espaciales complicados, sino más bien apropiándonos de estrategias ya probadas como el “porche” (que consideramos que interpreta de la mejor manera el espacio intermedio necesario en esta abrupta transición). El porche, cuya estrategia climática tradicional fue generada en el mediterráneo para un clima “cálido-seco”, se ha utilizado en el Ecuador (y toda la región) para generar espacios de transición, principalmente entre lo público y lo privado.
Las edificaciones solían colocar al porche en la parte frontal, donde tenía contacto directo con la plaza principal. Ahí se solían llevar a cabo actividades sociales o comerciales. Al ser un espacio no destinado únicamente a la actividad comercial, los habitantes de la casa tienen contacto con el sol, el viento, e incluso la lluvia. Sin someterse completamente a los elementos y convirtiéndose en un espacio de confort y de descanso.
El porche es una característica de Casa Ilona que, en este caso, se aplicó con el mismo objetivo: generar confort y disfrute ambiental. Su ocupación espacial se aplica tradicionalmente como un voladizo de un nivel que genera un espacio de sombra en la fachada donde se adhiere.
Para este proyecto, el voladizo fue modificado para actuar con la cubierta general, creando un porche a doble altura que también protege a la casa. Aleja la lluvia de la fachada de vidrio mientras permite paso a la iluminación total de la casa, una acción importante dentro de un clima donde, con frecuencia, la neblina invade el terreno.
Técnicas que transforman el interior
La estrategia climática del interior está dada por la continuidad del volumen de aire interno. Los dormitorios no se encuentran rematados por las paredes. Por ende, la franja superior permanece abierta para que no exista un habitáculo con un comportamiento climático único. El aire interno se renueva de forma pasiva y por medio de aberturas en las paredes inferiores y superiores.
Adicionalmente, la casa tiene un aislamiento térmico muy elevado. Esto se debe, primero, a que el piso estructural está conformado por una losa de cimentación flotada que permite el paso de la humedad del terreno. Esto bloquea la capilaridad que se acompaña de una pieza de zócalo flotado que también sostiene el borde de las paredes que están conformadas por tres capas de yeso, cartón (al interior) y fibrocemento (al exterior). La estructura tiene un alma metálica aislada con fibra de vidrio.
Debemos recordar que el problema al interior no es el frio, sino la humedad que se disipa con ventilación cruzada, misma que se logra con las aberturas de pared y el recambio de ventanas y puertas. Una estrategia que no recurre a ningún mecanismo mecánico ni eléctrico para el recambio de aire.
¿De qué está hecha Casa Ilona?
La materialidad del proyecto aprovecha elementos industriales como la estructura de hierro de alma llena y demás piezas que tratan de aprovechar la eficiencia semi industrial para lograr el mantenimiento de estándares de confort óptimos entre los usuarios y el ambiente.
Así mismo, ocupamos materiales que no requieren acabado ni mantenimiento continuo. Es así que las maderas utilizadas son: el plywood corriente por sus características estructurales y funcionales, el hierro de alma llena que permite trabajar sin desperdicio en obra, y las paredes de yeso y cartón que nos generan un habitáculo resistente, ligero, estable, seguro y durable.
El objetivo es llegar a una huella de carbono baja. Con una construcción que no consume gran cantidad de agua, ni genera desperdicios; fruto de encofrados y empastes exteriores a un precio bajo en relación a otro tipo de construcciones tales como las estructuras de madera industrializada o la propia madera rustica.
El potencial tectónico de la estructura conjuga las reglas de la construcción, convirtiéndolas en energías que hacen que sus pesos, sus cargas y sus ensambles manifiesten su fuerza natural.
Finalmente, la disponibilidad de la casa se manifiesta a través de la capacidad del objeto para mostrar sus recursos. Se muestra el estado donde se puede ejecutar las funciones requeridas bajo condiciones determinadas en un instante dado.