Hoy, al cumplir cuarenta y ocho años de publicación de la revista Trama, seguimos pensando que el sentido de publicar es hacer pública una obra, un acto, un pensamiento o una idea. La arquitectura y el diseño son eso: obra e idea, son un acto y un pensamiento. Publicar para dar a conocer, para generar debate, construir pertenencias, y para consolidar y suscitar ideas. Entonces, la primera condición para publicar algo es tener algo que decir, que mostrar, que discutir.
En el momento de la fundación de Trama en 1977, por parte de los arquitectos Rolando Moya Tasquer y Evelia Peralta, teníamos mucho que decir, que mostrar y que analizar. Hace casi medio siglo, el reto era abrir camino, pues no existían en nuestro medio antecedentes o experiencias previas que nos permitieran aprender de cerca, de primera mano, cómo hacerlo. Pero cuando existe una necesidad o una voluntad de hacer algo, todo es posible: se aprende. Y a nosotros nos tocó aprender en un momento en el que no existían computadoras ni cámaras digitales, e incluso un rollo de diapositivas era un artículo de cierto lujo. En ese entonces, tuvimos que aprender a armar (diagramar) artes en cartulina, dibujando la estructura gráfica (grilla) con lápiz celeste, pegando las columnas de texto que salían de una IBM Composer, maravillosa máquina eléctrica que tenía un elemento pivotante y rotatorio, una «bola» por cada tipografía. Aplicábamos los títulos transfiriendo «Letraset», y en el lugar donde irían las imágenes impresas, una cartulina negra o roja (daba lo mismo).
Teníamos que imaginar cómo iba a quedar al ser impreso, todo esto para una impresión solo en blanco y negro, pues el color era prohibitivo para nosotros. Adquirimos una máquina fotomecánica para hacer negativos de esas artes y luego componerlas en una máscara física, donde se acoplaban las fotos que se procesaban por separado y así se armaban los pliegos.
Las primeras ediciones fueron un albur, pero fuimos aprendiendo y la tecnología fue llegando: primero una tituladora fotográfica, luego un sistema de PMT que nos permitía tramar las fotografías para incorporarlas a las artes finales y ver cómo quedaría la composición de texto e imagen. Y así, hasta la primera Mac, una 512 de una sola disquetera; luego llegaría nuestro primer disco duro, uno «gigante» de 20 Mb. Y así, hasta ahora, tiempo en el que hemos visto aparecer y desaparecer tecnologías que nos alegraban la existencia y luego se volvían caducas.
Pero, como decíamos al principio, se publica porque se tiene algo que decir, algo que mostrar, y esto nunca nos ha faltado. Lo hemos hecho a través de compendios estructurados —que es lo que son cada una de nuestras ediciones— para que, como sociedad, podamos encontrarnos e identificarnos, es decir, reconocernos. Esto también implica un grado de legitimación sobre lo actuado, en tanto que para llegar a ser publicado mediarán una serie de estamentos que valorarán y discernirán el objeto de la publicación. Trama siempre ha estado dispuesta a encontrar el valor de cada distinta propuesta, entendiéndonos diversos y plurales, pero más que dentro de una estética determinada, dentro de una ética definida.
Publicamos para ir construyendo nuestra historia a partir de la documentación de la práctica de la arquitectura y el diseño. Práctica que se expresa de múltiples y diversas formas: en algunos casos, a través de una obra realizada, concreta, perdurable o efímera; en otros, a través de proyectos, realizables o utópicos; y siempre, a partir de las ideas expresadas en palabras que entrañan el pensamiento de un momento y unas circunstancias dadas. Durante todo este tiempo hemos publicado a partir de la realidad, dejando un testimonio de ella. Una realidad concreta que se expresa a partir de pensamiento y práctica, una realidad que es tal y que, en muchos momentos, lejos ha estado de la idealidad —entendida esta como la expresión de nuestros propios deseos de cómo nos gustaría que fueran las cosas—, pero entendiendo siempre que la realidad es solo un momento dentro de un proceso continuo e indetenible marcado por el transcurrir del tiempo.
Esta misma realidad también determinó nuestras propias posibilidades de hacer la revista y los libros, desde lo técnico y tecnológico, desde los recursos económicos y humanos, desde lo que demanda la sociedad, y desde nuestros propios anhelos y entendimientos. Esto ha significado, en todas las ediciones a lo largo de más de cuatro décadas, un enorme esfuerzo; nunca ha sido fácil. Lo que ha determinado que tantas y tantas veces exprimiéramos nuestra creatividad y recursos para lograr la continuidad de una idea y de un propósito.
Hacer una revista y llevar adelante una casa editorial en un país latinoamericano con un mercado pequeño como el ecuatoriano implica la conjunción de voluntades, de actos de generosidad y entrega, de abrir caminos permanentemente y de sostener las decisiones en el tiempo para que estas puedan cimentarse. Trama es una revista, un medio de comunicación y, al mismo tiempo, una casa editorial y centro de estudio donde se investiga, se reflexiona, se debate, se sintetiza y se divulga. Para nosotros, este ha sido el camino encontrado para poder subsistir haciendo lo que nos gusta: ampliar la oferta de la revista a los libros, de los libros a los cuadernos especializados, y de todo esto, a las redes sociales, la web, etc. Pero para comunicar, es necesario entender la importancia y la responsabilidad de hacerlo, gestionar el contenido y, luego, generar toda la estructura necesaria para sostener el medio en el tiempo.
Es mucho lo que se necesita para llevar sostenidamente a la práctica la tarea editorial y de divulgación, pero sin la generosidad y confianza de los actores y sus realizaciones —arquitectos y diseñadores— esto no podría darse. Esto no es poca cosa, pues somos conscientes de que publicar implica un grado de exposición que genera múltiples reacciones, y hay que estar dispuestos a asumirlas. Por otra parte, sin el arduo trabajo que conlleva investigar, reflexionar y sintetizar el contenido, tampoco sería posible. Pero para todo esto se necesitan recursos, y gestionarlos es un reto; y si se tiene la idea de hacerlo muy bien, con la misma calidad con la que se hace en las mejores revistas del mundo, es un desafío inmenso.
Por cuarenta y ocho años hemos sido la revista de la arquitectura y el diseño de Ecuador trabajando de forma privada e independiente, sin descanso, para mantenerla e impulsarla, aportando desde nuestro lugar al desarrollo de la cultura local y las prácticas disciplinares de la arquitectura y el diseño que se traducen en una mejor calidad de vida.