La galería Casa del Barrio presenta «Háblame solo», la primera exposición individual en Guayaquil del artista quiteño Martín Samaniego (Quito, 1991). La muestra reúne once piezas inéditas que habitan el umbral entre pintura y el site-specific, en una instalación que
transforma el espacio a través del silencio, el peso material y la contención.
Samaniego trabaja desde el recogimiento. Su proceso artístico se sostiene en la repetición, la imposición de parámetros internos y una exploración rigurosa de materiales como el yute, el óleo y la madera. Háblame solo surge de una práctica devocional que trasciende el
medio: cada obra es una presencia silenciosa que se instala más como cuerpo que como imagen.
La exposición estará acompañada por una serie de actividades paralelas y contará con un diseño de luz específico elaborado en colaboración con el diseñador industrial Juan Ignacio Pazmiño, que acentúa la relación entre las piezas y el espacio. La curaduría está a cargo de Ivanna Santoro, quien ha acompañado al artista en varios procesos expositivos anteriores y comparte aquí una lectura sensible sobre el hacer artístico como gesto de meditación, resistencia y escucha.
Sobre el artista Marin Samaniego (Quito, 1991) es un artista plástico multidisciplinario. Se formó en The School of the Art Institute of Chicago, donde obtuvo un BFA en Fine Arts con un enfoque en dibujo, grabado, pintura y arte en fibras. Su obra se distingue por su exploración de la materialidad y el uso de distintos formatos, incluyendo instalaciones site-specific que dialogan con el espacio y su carga simbólica. Su trabajo explora la contemplación, el paso del tiempo y la relación entre el espacio y la experiencia de habitarlo. A través de la pintura, el collage, el bordado y la creación de papel hecho a mano, construye soportes y composiciones donde la repetición de patrones y formas orgánicas generan ritmos visuales que invitan a la introspección y el detenimiento.
Paralelamente, ha desarrollado una carrera en la música. Fue miembro fundador de La Máquina Camaleón y es parte de Da Pawn, con quienes ha participado en festivales y conciertos a nivel nacional e internacional. Además, colabora activamente en la identidad visual de la banda, creando las artes de sus discos y sencillos. Su última exposición individual tuvo lugar en Junio del 2024 en Q Galería, Quito y
actualmente está exponiendo en su siguiente muestra individual que será en la Galería.
Texto curatorial de Ivanna Santoro, Curadora de la exposición:
Háblame solo de Martín Samaniego
Hay obras que no gritan, pero insisten. Que no buscan ser vistas, sino compartidas en silencio. Permanecen en pausa, esperando ser habitadas con el mismo cuidado con el que fueron construidas. Así se presenta Háblame solo, la primera exposición individual de Martín Samaniego (Quito, 1991) en Guayaquil. Muestra una instalación pictórica que no se impone, pero transforma el espacio; que, sutilmente, exige atención.
Samaniego trabaja la pintura desde el recogimiento. Durante meses, su estudio se vuelve un lugar de retiro: aislamiento, repetición, trabajo lento; elementos que definen con claridad su práctica. La pintura nace como una forma de orden, de contención, de pensamiento sin palabras. El artista ecuatoriano se impone ciertos parámetros: estructuras mínimas que recortan el campo de posibilidades. No para limitar, sino para encontrar libertad dentro de
esos márgenes.
Al seguir esas reglas autoimpuestas, algo se abre internamente en su proceso creativo. “(…) Pensé que al no hacer esta serie con esa intención meditativa de la serie anterior no me iban a llevar a ese mismo sentimiento… pero la naturaleza misma de la pintura me arrastró hacia él”, dice el artista. La repetición, entonces, se vuelve ritmo interior. No es solo un método, es una manera de conciencia. Una forma de meditación.
Desde una sensibilidad cercana al minimalismo —donde la acumulación de gestos sustituye a la representación—, la obra de Samaniego no busca narrar, sino sostener presencia.
Cada trazo deja un rastro del cuerpo. Pintar con óleo sobre yute, en grandes formatos y sobre paneles de madera, exige físicamente: tensión en los brazos, el cuello, la espalda.
Las piezas no se desplazan con facilidad. Son densas, pesadas. No hay romanticismo posible: solo insistencia y resistencia.
Pero es ahí donde aparece otra forma de conmoción sublime. Una conmoción contenida, sin forma ni brillo. Una presencia silenciosa, como la que describía Agnes Martin: “un espacio para el alma”. La pintura no busca representar, quiere simplemente estar. Modificar el ambiente, ralentizar el tiempo, imponer pausas.
Desde la teoría contemporánea, Isabelle Graw argumentó que el medio de la pintura mantiene un valor singular por su capacidad de hacer visible la agencia del artista. Su contacto. Su respiración. En este sentido, las obras de Samaniego no son imágenes, sino superficies vividas. Vibran entre sí. Se perciben más como presencias que como objetos.
Cambian la energía del lugar en que se colocan: nos invitan a mirarlas sin apuro. Hablan bajito.
El título Háblame solo puede entenderse como una confesión o como un llamado. La pintura no solo busca un interlocutor, también se habla a sí misma y, en ese murmullo, invita al espectador a hacer lo mismo: a estar, a sostener la mirada, a quedarse un rato.
Ivanna Santoro, 2025