La arquitectura de Groenlandia, moldeada por un entorno ártico extremo y una historia de colonización, representa un tema de creciente relevancia en el contexto geopolítico actual. Groenlandia, el territorio autónomo más grande del mundo dentro del Reino de Dinamarca, se ha convertido en un «botín territorial» codiciado, particularmente por Estados Unidos, que ha expresado intenciones de anexión para asegurar recursos minerales, posiciones estratégicas en el Ártico y contrarrestar la influencia de Rusia y China. El presidente Trump ha reiterado que el control estadounidense es una «necesidad absoluta» para la seguridad nacional de Estados Unidos, reviviendo propuestas de compra o incluso intervención militar. Esta tensión geopolítica subraya la validez del estudio de su arquitectura, no solo como expresión cultural, sino como un activo estratégico que refleja la resiliencia de los groenlandeses ante cambios climáticos y presiones externas.