Little House on the Ferry es una residencia estacional para huéspedes ubicada en una isla rural y costera de Maine, un lugar con una larga historia de pesca, agricultura y extracción de granito. Sus propietarios, que residen principalmente en Austria, pasan cada verano y comienzos de otoño en la isla, en una casa más grande y antigua situada en un terreno contiguo. Adquirieron esta propiedad —una antigua cantera de granito— con la intención de construir una casa de huéspedes para familiares y amigos que los visitan.
El terreno refleja tanto la belleza idílica del paisaje costero como una ruina posindustrial: una capa de suelo frágil y una vegetación aún en recuperación, interrumpida por afloramientos de roca madre y salpicada de enormes bloques de granito. En lugar de construir una única estructura sobre este terreno abrupto y pintoresco, el diseño divide la casa de huéspedes —de aproximadamente 83 m²— en tres microcabañas: una destinada a estar y comedor, y dos para dormitorios y baños. Casi idénticas entre sí en forma y detalles, cada cabaña establece una relación particular con el paisaje, evocando los restos de piedra que la rodean. Un conjunto de terrazas en voladizo conecta las tres estructuras de forma libre, permitiendo el acceso desde distintos puntos del terreno y otorgando al conjunto una sensación de estar suspendido.
Dada la lejanía y fragilidad del sitio, se optó por un sistema estructural de paneles prefabricados de CLT (madera contralaminada): capas de madera —en este caso, picea negra— laminadas para formar un sándwich sólido y bidireccional. Fresados y precortados con precisión en Quebec, los paneles fueron transportados al sitio por camión y ferry, y ensamblados para conformar toda la envolvente —piso, muros y techo— de cada edificio. La resistencia y solidez de estos paneles refuerzan las formas minimalistas del proyecto, aportando calidez a la paleta de materiales simples y expresando con claridad el método constructivo.
Los interiores están pintados de blanco y el mobiliario es mínimo, lo que resalta las vistas hacia el paisaje circundante. La ventilación cruzada permite mantener frescos los espacios y reducir el consumo energético. Por su parte, las contraventanas corredizas de madera permiten controlar la entrada de sol y proteger la casa durante el invierno, cuando no está en uso.
Equipo de diseño de OPAL
Equipo de consultores