Un proyecto que prioriza la privacidad y el contacto con la naturaleza a través de la exclusividad. Es un hotel boutique que proporciona un espacio natural y sensual para convivir, desconectarse y dejarse consentir en el destacado destino turístico de la laguna de Bacalar en el Caribe Mexicano.
En esta concepción espacial se combinan las morfologías contextuales de la selva y la laguna. Los recursos han sido utilizados de manera que crean una tensión a partir de emplear los materiales duros como la piedra para crear formas orgánicas y fluidas, y los materiales orgánicos y suaves para crear figuras de geometría dura con ángulos fuertes.
El conjunto presenta la siguiente distribución: al frente; el área de recepción, de estacionamiento, esparcimiento, seguridad y servicios. Al centro la zona de hospedaje, en la que se desplantan 13 cabañas orientadas en función de los espacios abiertos entre los troncos de los árboles, y procurando ser equidistantes para permitir la mayor cantidad de espacio posible entre ellas. Éstas se dividen a su vez en células enmarcadas por barreras visuales conformadas de muros de piedra caliza y empalizadas que abrazan paquetes de pasto seco. Finalmente, un restaurante con áreas de esparcimiento a la orilla de la laguna. Todo conectado a través de un camino central que genera un recorrido de forma orgánica de secciones irregulares con superficie empedrada de gravilla blanca que recuerda las geometrías fluviales.
Los edificios son de proporciones monumentales, pero de extraña ligereza, otorgada por las columnas en apariencia desordenadas. Están constituidas por troncos rollizos que tamizan la vista al interior y se proyectan desde el suelo a gran altura para terminar en puntas irregulares que atraviesan delgadas cubiertas de concreto o palapas, en las que se disponen en sus vórtices guedejas de pasto seco en capas que se proyectan para proporcionar protección y sombra.
Las cabañas se desplantan sobre un basamento ligero con deck´s de madera -que cual alfombrilla- invitan a pasar. Algunas, además, se engalanan con un espejo de agua y piscina, los reflejos disuelven la separación entre cubiertas y muros. Construidas con manguetería de madera y hojas de vidrio claro que no interrumpen la mirada entre el jardín y la cama. Al ingresar la iluminación es indirecta y cálida, las superficies son de pasto, madera o estuco y el suelo es de concreto pulido. Muebles bajos que dividen de manera virtual la habitación, y al fondo unos muros contundentes contienen los servicios.
Al fondo están los edificios comunes, donde el espacio es abierto y se ilumina con lámparas de macramé tejido, imitando nubes de algodón que se mecen con el viento. Al centro del suelo, un cuadrado de madera incrustado en la superficie de concreto pulido da la pauta para generar de manera radial trazos mandálicos, que se extienden hasta los bordes; éstos concentran el espacio, lo dotan de escala y separan el exterior del interior.
El restaurante está enclavado en la pendiente liberando la vista de las cabañas detrás. Se diferencia por un icónico plafón conformado de troncos desordenados y superficies de pasto, que dan una apariencia primitiva sin abandonar el lucimiento de la artesanía. Se abre hacia la orilla de la laguna, donde se proyectan sobre la pronunciada pendiente una serie de deck´s elevados e interconectados con puentes que descienden hasta el agua: espacios que dan la sensación de estar entre las copas de los arboles con una vista inigualable de la laguna de Bacalar.
La principal peculiaridad de este proyecto es la forma social sostenible con la que ha sido edificado. El desarrollo se localiza en el sur del estado donde el nivel de intercambio de personas, información y bienes, dista mucho de poblaciones al norte como Tulum o Cancún; al estar en medio de la selva el reto consistió en la coherencia y convivencia del equipo de trabajadores dedicados, a la par de convertir este empleo en una alternativa competitiva para ellos, el primer paso fue la realización de un pacto de compromisos y responsabilidades, desde calidad de trabajo hasta las tareas de limpieza, la dignificación de sus condiciones de estancia con baños, hamaqueros, esparcimiento, cocina, comedor y tienda cooperativa, sobre todo, la dignificación de las personas mediante el trabajo y redistribución de las fuentes de recursos económicos a la base de obreros.
Cambio de enfoque en el objeto al proceso. Priorizando el conocimiento empírico e intuiciones espaciales para el empoderamiento de los futuros usuarios y los constructores, otorgando AGENCIA al diseñador en estos procesos preexistentes en la sociedad local e incluyendo tecnologías sostenibles para la creación de esta arquitectura compleja. La estructura de trabajo fue horizontal con delegación de responsabilidades jerárquicas por operatividad, las cuadrillas de trabajo se organizaron como cooperativas dividiendo destajos en partes iguales entre los miembros del equipo lo que permitió la homologación de esfuerzos y calidades, consolidando así un colectivo de constructores especializados, se empleó el uso exclusivo de técnicas tradicionales y procesos manuales sin maquinaria pesada que corrompiera el entorno natural, a su vez se empleó solo materiales locales disponibles adaptando el objeto y flexibilizándolo sin abandonar su concepto, se desistió de subcontratos constructivos permitiendo procesos participativos en el diseño del hotel; el interiorismo, muebles e incluso accesorios de iluminación fueron hechos a mano dentro de la misma obra por los trabajadores que ostentan los conocimientos tradicionales constructivos y artesanales locales, empleados de manera original para este proyecto.
Esto dio una coherencia económica al desarrollo pues los recursos salvados por estos procesos se emplearon en beneficio que los trabajadores para que comprarán sus herramientas de mano y máquinas que se convirtieron en activos para ellos una vez terminado el hotel, a algunos se les dio la facilidad de comprar equipos de cómputo para sus hijos que estudian, a otros se les proporcionó apoyo de mano de obra y materiales para el mejoramiento de sus viviendas.
En la dimensión ecológica se priorizaron las infraestructuras, diseñadas para no contaminar, como sistemas de lecho de evapotranspiración para el manejo de aguas residuales que a la par enriquecen el paisajismo con el uso de plantas endémicas, se desplantaron las villas en claros para evitar la tala de árboles, ventilación cruzada en las villas, el abastecimiento de agua por pozo para evitar daño ecológico a la laguna, empleo de madera de aserraderos locales autorizados, y rescate de madera rescatada y muebles antiguos para el armado de puertas, mamparas de baños y muebles.
Respecto al contexto transformado; aunque el lugar se encuentra rodeado de selva, los terrenos están lotificados claramente, dividiendo el desarrollo en dos secciones con características claras. El lote al norte es amplio de poca pendiente y arbolado, por lo que en este espacio las villas son ligeras y se encapsulan en células de selva que proporcionan privacidad y un fuerte contacto con la naturaleza, en el lote al sur la pendiente es pronunciada, angosto y por el servicio a restaurante y contacto con la laguna mucho mas transitado, por lo que las villas en este segundo son de materiales más sólidos, mejor cimentados, mejor aislados, mayores dimensiones internas y orientadas a la vista panorámica de la laguna de bacalar.
Todo está creado pensando en la dignificación del oficio tradicional de construcción amigable con el entorno, que busca en su durabilidad y carácter el impacto propio del alto diseño; trabajo altamente artesanal que engalana con majestuosidad, excelente calidad, hechura que prioriza la belleza de la autenticidad sobre la estética canónica, lo cual brinda una calidez única al espacio y una esencia que puede palparse en el aire, pues todos los rincones de la construcción se funden con la naturaleza.